Jacinto se pasea compadrito por Balcarce. Balcarce es una calle angosta y empedrada. Para él, comienza en la cortada Giuffra y se extiende hasta el Parque Lezama. Circula tranquilo, a sabiendas que sólo debe cuidarse al cruzar las esquinas. Balcarce es su calle favorita. En realidad, él ignora que se llama así y que forma parte de un barrio llamado San Telmo.
Nació en una calla desportillada de zaguán angosto, lositas mal colocadas, piezas de puertas de madera pintura sobre pintura, cortinas sucias, mirando todas al patio, con su piletón y su cocina y baño comunes, donde los vecinos, aunque no lo deseen, tienen que lavar en comunidad su ropa, cocer su comida, hacer sus necesidades y bañarse en turnos más o menos estrictos.
Pero hay muchos niños. Jacinto es el favorito de todos ellos. Le agrada acostarse al sol cuan largo es. Cuando se le acerca alguien se deja acariciar suavemente. Alguna mano noble le acomoda un poco de carne cocida picada o quizás pescado, que es su plato favorito.
Por las noches gusta pasearse por las terrazas y las escaleras crujientes. La luna llena lo pone muy romántico y sale de ronda. Allí es cuando la vecindad pone el grito en el cielo. Mejor dicho: Jacinto y sus amigas maúllan a todo trapo no dejando a nadie dormir. En esas noches de luna llena vuelan zapatos, tachos y escobas, generando mas ruido del debido en la tranquila nocturnidad del barrio. ¡Ay, Jacinto! ¡Un día de estos te van a bajar de un escopetazo! Tu mala fama de gato engatusador va a ser tu perdición...
Y a pesar de las advertencias, Jacinto Mala Fama sigue contoneándose por esa callecita Balcarce, para alegría de los chicos y el fastidio nocturno de los mayores.

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