domingo, 28 de abril de 2013


FRAGMENTO FINAL 
Permanecer aquí, sin esperanza. Un hombre solo, ya no un soldado. Un hombre ya casi sin vida, todo el universo convertido en una muerte. Ya sin armas, hecho pedazos. Ya no siento las piernas, no responden las rodillas, ni la mano izquierda. El final de una vida manejada por otros, sin brújula. Estar aquí, sin poder ver ya ese rostro, ya sin esperanza de estar abrazados. Esos besos escuchando aquella canción de amor, nunca más. El vaso se vacía, ya no siento los hombros,  ya se desvanece el eco de aquella canción…

Juan Carlos Melillo
(Sobre "Fragmento final" de Armando Tejada Gómez) 
CREACIÓN

Estaba el niño a orillas del agua, sentado en la hierba. Su mirada soñadora posada en el horizonte lo alejaba del mundo. Se sentía dueño de la creación.

De pronto, una ola viene del mar, trae consigo un cardumen de pequeños peces, cual racimos. El niño alarga sus manitos para atraparlos, pero éstos, resbaladizos, huyen.

La mamá, una joven de vientre abultado por esperar a un nuevo hijo, le dice al niño: "Vamos, pequeño, la lancha ya sale para las islas. Si no nos apuramos, vamos a amanecer en el continente". 

El niño se levanta, mira el cielo, recoge del fango una flor amarilla que ha nacido, no se sabe cómo, se la entrega a su madre a modo de obsequio y le dice: "Vamos, mamá, quiero ir a casa y ver cómo sale el sol, como una llamarada".

Marta Gigena
Sobre un poema homónimo de Dulce María Loynaz (http://amediavoz.com/loynaz.htm#CREACIÓN)
LAS CUATRO DE LA MADRUGADA


Todavía es de noche
pero el canto del gallo
nos anuncia que pronto
en el cielo desaparecerán los astros
y tras la madrugada vendrá el día.
Por la calle de tierra
camina el treintañero,
cabizbajo, pensativo
y pisando las hormigas.
Mira el reloj que se quedó sin pila,
no le importa la hora,
serán las cuatro... tal vez las cinco.
Otra noche perdida, sorda y estéril.
Recuerda un nombre
y quisiera que el viento lo borrase
porque en el fondo entre nosotros
ya no queda más nada
y sabe que al llegar a su morada
la encontrará vacía y desolada.

Susana Pascual

SUEÑO AL LEVANTARME CADA MAÑANA...

Sueño al levantarme cada mañana
tener mi patria libre con pájaros
que canten, seres que luchen como fieras
para defenderla siempre...

Los relámpagos en el cielo
anuncian la tormenta misma
que tengo en mi corazón
porque no puedo verlo.

Las lágrimas llenan mis ojos
y, triste, en silencio, me quedo.
Su ausencia me hace doler el pecho
porque él está allí, muy lejos.

Llevo en mis hombros cansados
el paso del tiempo,
las tempestades vividas
y todo lo que se llevó el viento.

Busqué en el bosque la luz que me alumbrara
pero sólo encontré hojas secas,
árboles con sus frutos
y un espejo de mi alma.

Delia Gebruers

DESPEDIDA

En nuestra intimidad, límite sagrado
de esta desenfrenada pasión,
me siento más loca, el amor
hace latir intensamente el corazón
y en el silencio escucho el rozar
de nuestras bocas.
Comenzó con la amistad
de aquellos años jóvenes
y, como vuelos de pájaros, 
la dicha iluminó mi alma.
La languidez del deseo, del goce compartido
y la lascivia.
Nuestras mentes navegan
hacia la tristeza de perder el ritmo
de este encuentro que culmina
con un adiós de nuestras almas.

Estela Ríos



AL BORDE DEL MORIR DEL DIA

Unos hilos de luz caían en la tarde
el silencio invadía el momento
la armonía plena, el minuto perfecto.
La mirada posada en las orillas
del agua mansa, traslúcida
un canto a la vida y al amor.
Como islas desiertas las criaturas
inauguraban su presencia
dando alas a su desenfreno
en las mustias barrancas
al borde del morir del día.

Hilda Hebe Menzel
Sobre el poema de Juan L. Ortiz "No te detengas alma sobre el borde" (http://www.poeticas.com.ar/Biblioteca/En_el_aura_del_sauce/enelauraframe.html)