domingo, 6 de mayo de 2012

Vigilia, de Hilda Menzel

Despertó inquieto sentía que algún sueño lo había sobresaltado pero el olvido presidía ese instante cerró nuevamente los ojos se propuso continuar con el sueño poner la mente en blanco el cansancio de sus huesos lo sumergirían en lo profundo de las tinieblas... quedarse quieto la noche está rodeada de silencios nada... apenas su respiración ¿qué me rebeló del letargo? ningún recuerdo
Dio media vuelta sobre sí mismo. Ni el tictac del reloj lo acompaña ahora marcan el paso de las horas con una mudez imperturbable... los primeros días otoñales lucen un clima ideal atrás quedaron los agobios del estío el cadencioso y monótono aleteo del ventilador duerme en un rincón sólo él no puede retornar al placentero sueño... no pensar en las acuciantes obligaciones de mañana.
Deseó caer en el sopor que la bruma lo envolviera apretó fuerte los párpados para no incurrir en la tentación de mirar el reloj se angustiaría más al saber que las horas transcurren transcurren se esparcen en las sombras de la duermevela el insomnio ganando la batalla el sonido conocido de los trenes que reinician su rutina las cuatro de la mañana quedan tres horas para dormir no pensar en nada en nada dormir dormir...
Alguien lo toca suavemente, lo llama Carlos, despertate, vas a llegar tarde, no escuchaste la alarma, mirá que dormís como un tronco.
Abre los ojos, siente que algún sueño lo ha sobresaltado, pero el olvido preside ese instante...

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