lunes, 25 de abril de 2011

La princesa, el soldado y la lechuza


Había una vez, una sola vez, en un lejano país del norte, una hermosa princesa que le gustaba caminar sin rumbo por su campiña. En varias oportunidades había sido aconsejada para que tuviera cuidado en sus recorridas, porque podría perderse.

Era un día espléndido de primavera cuando la princesa salió a pasear como de costumbre. Se sentía tan bien que siguió y siguió hasta que pasó los límites de su reino y la noche se avecinó. No conocía el lugar por lo tanto no sabía cómo volver. Se cobijó bajo la sombra de unos árboles, a la espera del amanecer y de ver si alguien pasaba y la ayudaba.

En el reino todos estaban preocupados por la desaparición de la princesa. Varios soldados fueron enviados a rescatarla. Uno de ellos acertó el camino seguido por la princesa y la encontró. Al verlo, ella se asustó pero luego reconoció que era uno de los soldados de su padre y le agradeció. Ahora, eran dos los preocupados por regresar y dada la oscuridad de la noche, no sabían cuál era el camino. En ese momento, sobre un árbol, vieron dos lucecitas. Era una lechuza cuyos ojos brillaban en la noche.

El ave se dio cuenta de que estaban perdidos y les dijo que trabajando juntos iban a encontrar el camino. Así lo hicieron y pasando dificultades consiguieron llegar al palacio. Se dieron cuenta de que eran muy felices juntos y siguieron siendo amigos para siempre.

Ana María Vidal

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