miércoles, 15 de junio de 2011

Muerte en el estacionamiento


Se estaban realizando las exequias de Elsa Ferrer, quien fuera en vida una de las más importantes diseñadoras de alta costura. Asistían al sepelio políticos, destacadas figuras del espectáculo y del mundo de la moda. Todos se vieron sorprendidos por su inesperado deceso. Es que Elsa fue encontrada muerta por su chofer, varios días atrás, en el estacionamiento privado del lujoso edificio en el que estaban instalados los talleres, oficinas y demás dependencias donde desarrollaban sus actividades. Intervino la policía y luego la justicia citaría a declarar a todas las personas de su entorno.

Tras una minuciosa y exhaustiva investigación se arribó a la conclusión de que no había inculpados. La autopsia determinó que la muerte se produjo a causa de un paro cardíaco, quedando cerrado el caso.

Elsa tenía dos hermanas, Inés, que era una de sus colaboradoras, y Julia, que vivía en España. Esta al enterarse de la noticia, regresó inmediatamente a Buenos Aires. No conforme con lo actuado por la justicia, se contactó con una conocida agencia de detectives. El caso recayó en Jorge Crespo, un joven inteligente y muy sagaz, recientemente incorporado a la agencia. A pesar de que este sería su primer trabajo como detective, Jorge tenía una vasta experiencia, ya que desde su adolescencia había colaborado con su padre, un reconocido jefe de policía ya retirado.

Julia debía volver a España de inmediato, por lo que acordó con Jorge que se mantendrían en contacto permanente, ya que éste debía investigar al marido de Elsa, a su hermana y a su chofer.

Elsa se había casado hacía más de una década con Esteban Ibarra, un conocido industrial del ramo textil. Durante los primeros años el matrimonio tuvo una buena relación, que se fue desgastando con el tiempo. Esteban viajaba a menudo por negocios y así conoció a una azafata con la que se involucró sentimentalmente. Cuando Elsa lo supo, decidió separarse y en ese entonces estaban tramitando el divorcio y no en muy buenos términos, porque había muchos intereses en juego. El día del deceso de Elsa, Esteban se encontraba en Brasil junto a su amante, cosa que pudo probar fehacientemente.

Su hermana Inés dirigía el taller de costura y soñaba con poder apartarse de Elsa, ya que ésta criticaba casi a diario su trabajo, lo que era motivo de constantes disputas. Siempre se sentía relegada y anulada por la avasallante personalidad de su hermana. El día anterior a la muerte de Elsa, Inés había sufrido un cólico renal agudo que la obligó a permanecer internada durante algunos días.

Evaristo, su chofer, era un hombre muy correcto, medianamente joven. Tenía estudios universitarios, pero su carrera se vio truncada por su afición al juego, algo que escondía celosamente, pero que debió admitir ya que el detective había descubierto su secreto. Tenía una buena relación con Elsa, quien era muy condescendiente con él, al punto de haberle prestado dinero en más de una ocasión, ignorando que era para cancelar deudas de juego. El día en que la encontró muerta debía restituirle una suma bastante importante, algo imposible de cumplir. Jorge Crespo tomaba un café sentado frente a Evaristo y mientras escuchaba su declaración pensaba que tras la desaparición de Elsa la deuda de éste quedaría saldada. Evaristo continuó diciendo que pensó que debía tener una atención con Elsa pero no estaba muy decidido. Como debía llevar a Inés a entregar un trabajo se atrevió a hacerle el comentario para que ésta lo asesorara. Así fue que Inés le aconsejó que le regalara una tortuga. Elsa no tenía mascotas por no poder dedicarles el tiempo necesario y la tortuga no le demandaría demasiada atención, ya que pasa buena parte del año durmiendo.

El fatídico día, Evaristo había llegado al estacionamiento como de costumbre y cuando Elsa le informó que debían salir, él espero de pie, al costado del coche. Cuando ella se acercó al ver la tortuga quedó como petrificada, los ojos parecían salidos de las órbitas, dio un grito y se desplomó.

Como lo hacía habitualmente, Jorge informó a Julia sobre la declaración de Evaristo y ésta decidió volver a Buenos Aires.

Era necesario que el detective supiera que Elsa tenía terror a las tortugas, una fobia que padecía desde su infancia y que las hermanas conocían, sólo ellas y nadie más.

Nunca quiso tratarse, tal vez porque no quería mostrarse vulnerable ante nada ni nadie. Supuestamente, un ataque de pánico le paralizó el corazón, provocándole la muerte.

Ahora el sagaz detective debía dilucidar si Inés pretendía matar a su hermana o solamente darle un buen susto.

Susana Pascual

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