
En el pueblo de Pico Alto vive Justiniano Gómez, destacado comisario de un grupo de cincuenta manzanas donde todos se conocen y comparten el rutinario pasar de la vida. Hombre robusto, de mediana estatura, cabellos lacios peinados a la gomina que le dan ese aspecto pulcro e importante de comisario; resaltan en su cara dos hileras negras y abundantes, sus bigotes, a los cuales, con gesto continuo, suele emprolijar con sus velludas y regordetas manos. Botas, pantalones abombachados, cinturón de cuero, camisa impecable, pañuelo al cuello, acompañados por ese poncho prolijamente acomodado sobre uno de sus hombros, demuestran que este hombre tiene toda la arrogancia y la apostura para cuidar del bienestar de Pico Alto.
Vida tranquila de pueblo que un día se ve sacudida por una terrible noticia: el asesinato de Florinda Suárez, la mujer más rica del lugar.
En la comisaría todo es revuelo, el equilibrio de Justiniano parece derrumbarse ¿cómo ese pueblo tan cuidado por él, donde todo estaba bajo control, hoy se ha convertido en un laberinto sin salida?
¿Qué había pasado? Florinda era una dama de delicado porte y agradable belleza, distinguida y admirada dentro del grupo social más destacado de Pico Alto. Estaba comprometida con Ignacio Ibarra, el estanciero más próspero de Pueblo Bajo.
Todo daba a suponer que un crimen pasional había acabado con la vida de la delicada Florinda. Pero ¿quién la había matado? Ella era una mujer de respetadas costumbres y de su novio sólo se sabía que era poseedor de la mayoría de las tierras de Pueblo Bajo.
Los habitantes de Pico Alto, alarmados por el hecho, deciden agruparse y exigir el esclarecimiento. Ante la multitud que se agolpa a las puertas de la comisaría con palos y rebenques para ejercer justicia por mano propia, queriendo linchar a Ignacio, el único sospechoso del crimen, Justiniano estalla en sollozos.
"No puedo permitir que maten a un inocente y más si ese inocente es mi amor"- dijo Justiniano ante el asombro de la multitud.
En un ataque de celos y desesperación mató a Florinda, para quedarse con el corazón de Ignacio, pensando que iba a poder manejar la situación, pues creía que a ese pueblo, donde nunca pasaba nada, le resultaría fácil engañarlo y con el tiempo todo pasaría al olvido.
Estela Ríos
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