viernes, 1 de julio de 2011

Mirá como tiemblo


El miedo es una de las emociones básicas del ser humano, que lo pone en alerta para poder esquivar las situaciones de peligro. Sin embargo, nos gusta asustarnos, sentir ese cosquilleo en el estómago, la adrenalina que fluye, los ojos bien abiertos y los oídos atentos al mínimo ruido.

El cuento de terror, de horror o de suspenso es un tópico transitado desde la época del relato tradicional. Está presente en las narraciones populares, en la literatura infantil, en la mitología. Es un territorio poblado por fantasmas, demonios, brujas, vampiros, monstruos, muertos vivientes y toda una fauna de seres sobrenaturales y básicamente odiosos y crueles. Serán más efectivos cuanto mejor puedan provocar la suspensión de la incredulidad del lector, es decir, cuanto más verosímiles. Es por eso que, contemporáneamente, se han modificado los escenarios típicos del género: pasamos de los castillos medievales, de las casas lúgubres y solitarias, de los cementerios y los pantanos a lugares cotidianos y reconocibles.

De la época clásica, citamos a Edgar Allan Poe, Nathaniel Hawthorne, Herman Melville, Sheridan Le Fanu, Howard Phillips Lovecraft, Guy de Maupassant, Robert Louis Stevenson, Ambrose Bierce. En nuestros días lo cultivan Theodore Sturgeon, Clive Barker, Robert Aickman, Ray Bradbury, Stephen King.

En nuestras pampas ha habido y hay cultores del terror: Horacio Quiroga, Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Silvina Ocampo, Julio Cortázar, Angélica Gorodischer.

Y ahora estos autores, que han investigado sus propios miedos para exorcizarlos en forma de relato.

No hay comentarios:

Publicar un comentario