jueves, 26 de mayo de 2011

La duquesa ladrona


Ocurrió en un ducado francés, cuyos amos eran el duque de Lyon y su esposa, la duquesa María Isabel, a quienes el pueblo quería por su actitud compasiva. Con ellos vivía la marquesa de Lyon, hermana del duque, quien odiaba a María Isabel.

La duquesa era una mujer elegante, atractiva y culta, virtudes que disimulaban completamente la maldad que había en su corazón. La única que la había notado era su cuñada.

Los soberanos de Francia le tenían gran afecto a la pareja, dado que el duque era el principal consejero real y al rey le inspiraba mucha confianza.

Un día, en una cacería, el duque sufrió un accidente cuando su caballo se asustó ante la presencia de una serpiente. El duque cayó de su montura y falleció a causa de las heridas recibidas.

La duquesa entonces heredó una gran fortuna, no así su cuñada, la marquesa, a quien solamente se le permitió seguir viviendo en el castillo, pero a quien se la trataba como a una criada, cosa que acrecentó aún más el odio que sentía hacia la duquesa.

Esta era invitada a cuanta recepción real había y siempre se hacía acompañar por la marquesa, para evitar los comentarios de la corte.

Finalmente, dilapidó la fortuna heredada en fiestas y amantes, motivo por el cual quedó sumida en la ruina.

A partir de ese momento, para poder conservar su estilo de vida y la opulencia que la caracterizaba, comenzó a robar joyas y piezas valiosas en las recepciones a las que iba. Lo que ignoraba era que su cuñada la vigilaba constantemente y conocía sus iniquidades.

La marquesa nunca dijo nada pues estaba esperando el momento propicio para denunciarla.

En una de esas recepciones que se llevaban a cabo en el palacio, una de las damas de la nobleza, la marquesa de Sanders, se dirigió a uno de los cuartos a empolvarse, quitándose para ello un collar de diamantes que llevaba y dejándolo sobre el tocador.

La duquesa dio cuenta de ese olvido y robó el collar, pero su cuñada la vio y le advirtió a la marquesa de Sanders acerca de los sucedido. Esta se lo comentó al rey y, tras una embarazosa revisación, se encontró el collar en poder de la duquesa.

Surgieron en ese momento dudas y chismes maliciosos entre los invitados, quienes ya habían notado algún faltante en sus mansiones.

La duquesa evitó ser encarcelada gracias al cariño que prodigaba el rey a la memoria de su marido, pero fue desterrada y terminó sus días en la pobreza y mendigando para comer.

Por orden real, el castillo fue entregado a la marquesa y toda la corte le reconoció el mérito de haber descubierto las correrías de su cuñada. Por el servicio prestado, recibió una renta vitalicia para que pudiera vivir tal como vivía en tiempos del duque, su hermano.

Carlos Rey

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