
En China había un jardinero que cultivaba rosas hermosas. Todos los días, por la mañana, recorría los largos senderos, observando y cuidando de los bellísimos árboles, los cautivantes cerezos y las aguas flotantes que adornaban las pequeñas lagunas que se habían instalado en los parques del rey.
Un día, descansando bajo un árbol, se quedó dormido con una jarra de agua en su mano. Tanto tiempo pasó que la sombra se fue y el sol calentó el agua y las hojas del árbol que cayeron dentro.
Al despertarse de su larga siesta, descubrió que el líquido tenía un color verde y bebió un poco. Descubrió entonces que era un agua curativa y agradable, a la que llamó té y, gracias a su descubrimiento, se hizo famoso en todo el mundo.
Ana María Vidal - Hilda Menzel - Carlos Rey
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