sábado, 14 de mayo de 2011

Las rosas mágicas


En la apacible campiña inglesa vivían dos hermanos, John y Peter, con sus respectivas esposas, Sally y Mary. La casa que habitaban estaba en medio de un jardín en el que las dos mujeres se dedicaban al cultivo de rosas. Los hombres, por su parte, se encargaban de la cría de ganado y demás tareas inherentes al campo, siendo este su medio de vida.

Así fue transcurriendo, sin mayores sobresaltos, la vida de estas personas, viendo crecer a sus hijos, quienes, ya mayores, tomaron distintos rumbos, quedando los padres solos en la casa.

Después de algunos años murió Sally, quien antes de expirar había manifestado su deseo de ser enterrada en el jardín que con tanto esmero había cuidado. Su voluntad se cumplió y al cabo de un tiempo notaron que las rosas cultivadas en ese lugar eran cada vez mejores en color y tamaño.

Mary quedó a cargo del jardín, pero esa tarea ahora, para ella sola, era muy abrumadora. Pensaron entonces en buscar a alguien para que colaborar con ella.

Por esos días llegó a la casa un joven proveniente de otra comarca, quien solicitó poder pernoctar en la casa, a lo que sus dueños accedieron.

A la mañana siguiente, Mary invitó al joven a compartir la mesa del desayuno.

Mike, ese era su nombre, les contó que había pasado por varias comarcas solicitando trabajo, sin haberlo logrado, por lo que se iría esa misma tarde para continuar la búsqueda. Enseguida le ofrecieron ocuparse del jardín, cosa que Mike aceptó de inmediato.

Todo transcurría en perfecta armonía hasta llegar el invierno, cuando Mike contrajo una fuerte pulmonía que lo llevó a la muerte en menos de cuarenta y ocho horas.

Apenados por lo sucedido pensaron a quién darían la infausta noticia, pero Mike jamás había hecho mención de familiar alguno. De inmediato, surgió la idea de enterrarlo en el jardín y, si algún vecino preguntaba por él, dirían que se había marchado.

Así se hizo y al poco tiempo las rosas allí cultivadas causaban admiración y ya había trascendido a otras comarcas por ser algo nunca visto. Comenzaron a llegar propuestas para comprar los cultivos, a fin de ser distribuidos en las grandes ciudades para su venta.

La idea les pareció oportuna, ya que con las ganancias que obtuvieran tendrían asegurado un buen pasar por el resto de sus días.

Como el trabajo se incrementaría, debían encontrar un reemplazante para Mike.

Cuando trataron el tema, decidieron que tendrían que buscar a alguien desconocido, que no fuese de la comarca y que estuviera solo. Las miradas entre John, Peter y Mary se cruzaron como en un acuerdo tácito, tal vez con la solapada intención de seguir enriqueciendo la tierra en la que sus rosas se reproducen como por arte de magia.

Susana Pascual

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