jueves, 26 de mayo de 2011

Muerte en el vacío


El inspector Mor estaba cómodamente sentado en el living de su casa, bebiendo su cerveza y escuchando "La cabalgata de las valquirias" de Wagner. Podemos asegurar que se encontraba en otra dimensión. De pronto, el sonido del teléfono lo devolvió a la realidad. Era un llamado de la jefatura de Policía, avisándole que tenía un nuevo caso.

Se trataba de la señora Ledesma, quien había sido encontrada muerta en su auto en las afueras de la ciudad. La mujer era la dueña de una de las fortunas más poderosas del país. Su marido, desde hacía años, manejaba eficientemente las empresas. Eran dueños de ingenios, frigoríficos, estancias y otras yerbas.

Cuando el inspector y su sargento llegaron al lugar fueron informados por el forense que la muerte se había producido en atmósfera cero o sea, fuera de las condiciones de la atmósfera terrestre. El cuerpo estaba momificado y presentaba algunos pequeños abscesos.

Ante semejante panorama, el sargento Luis exclamó que era como si los extraterrestres la hubieran matado. Mor lo miró escépticamente y empezó su línea de investigación.

Primero interrogó al marido, quien parecía realmente preocupado. Ese mismo día había vuelto de un viaje de negocios en el exterior. Una coartada perfecta. Durante su ausencia, la señora había supervisado las actividades de la empresa.

Todas las personas que la habían visto durante esos últimos días fueron interrogadas. Los más allegados comentaron que el matrimonio estaba separado de hecho desde hacía muchos años y que el hombre convivía con una prestigiosa y acaudalada abogada. La situación era aceptada y se mantenía en secreto dentro del círculo íntimo.

Como resultado de la indagatoria, dos empleados del frigorífico aportaron la novedad de que la señora se reunía con el administrador después de hora y que intuían la existencia de una relación sentimental entre ellos.

Las pesquisas incluyeron los antecedentes y estados financieros de todos aquellos que podían considerarse posibles sospechosos. Asimismo, se registró exhaustivamente el frigorífico.

A esta altura, con las pruebas en la mano, el inspector Mor ya sabía quién era el asesino.

Su conclusión se basó en el inexplicable incremento del patrimonio del principal sospechoso. Además, apareció un libro de contabilidad paralelo con las huellas de la señora Ledesma, quien había advertido la maniobra fraudulenta de su empleado.

Las reuniones fuera de hora nada tenían de románticas. Ella se había empecinado en auditar los libros. Cuando descubrió al responsable y lo amenazó con denunciarlo, éste la mató.

El administrador, que de él se trataba, la golpeó en la cabeza hasta desmayarla. Luego llevó el cuerpo a la envasadora de vacío y puso en funcionamiento la bomba. Cuando el contenedor llegó a atmósfera cero, el cuerpo y sus microorganismos pasaron al estado de sequedad total, proceso que estuvo acompañado por pequeños estallidos. En esas condiciones, trasladó el cuerpo hasta el auto y lo condujo al lugar donde fue encontrado.

En la requisa que se había realizado en el frigorífico, se habían hallado rastros de sangre de la víctima en la envasadora y las huellas del culpable.

Una vez resuelto el crimen y arrestado el homicida, el inspector Mor y su sargento fueron a un bar a tomar una bien merecida cerveza.

Ana María Vidal

No hay comentarios:

Publicar un comentario