
El relato policial nace en 1840, cuando Edgar Allan Poe le da nombre y apellido al primer detective literario: Auguste Dupin. Este personaje intervendrá en la resolución de las intrigas planteadas en La carta robada, El escarabajo de oro y Los crímenes de la calle Morgue.
A estos primeros sabuesos racionales, analíticos y extravagantes los desafiaban delincuentes de las mismas características, en una suerte de duelo de ingenios. Luego, estos aristócratas del crimen cederán espacio a los perdedores, solitarios y desprolijos antihéroes de la serie negra, esas historias de intriga que transcurren en los barrios bajos, en medio del humo de los cigarrillos y los vapores del alcohol.
Invocamos el espíritu del gran Sherlock Holmes para que nos conduzca por los senderos que se bifurcan.
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